Capítulo 45 – Y llegan los años sesenta…

Si la década de los años 50 acabó con la polémica entre “herreristas” y “kubalistas” y el final de la etapa de Helenio Herrera, la temporada 1960-61 parecía empezar con una aparente tranquilidad, aunque el ruido de fondo estaba muy vivo. Aquella temporada, la directiva confió el cargo a un entrenador serbio de amplia experiencia, Ljubisa Brocic, con Enrique Orizaola como segundo. A pesar de las estrecheces de la caja, el club no dejaba de hacer fichajes y así llegaron Garay, un veterano central del Athletic de Bilbao, y Foncho, un lateral derecho canario que tuvo largo recorrido en el Barça.

Una temporada muy complicada

Con Brocic, la cosa no mejoraría y el técnico fue destituido cuando la distancia del Madrid al frente de la clasificación ya era de ocho puntos y la Liga era casi imposible. Para enrarecer el ambiente, solo faltaba que el directivo Joaquim Viola, años después alcalde de Barcelona, declarara en un ataque de sinceridad que el club estaba a punto de quebrar. Miró-Sans continuó como si nada y ofreció el cargo de secretario técnico a Pedro Escartín, un veterano exárbitro de conocidas tendencias madridistas.

El presidente daba síntomas de ir perdido y, después de recibir presiones de todos lados, en especial de las preocupadas peñas, presentó la dimisión a finales de febrero. Se acababa así el controvertido mandato de Miró-Sans, que daba paso a una gestora encabezada por Antoni Julià de Capmany, que fijó la fecha de elecciones para el mes de junio. Esta situación de zozobra total fue aprovechada desde Milán, donde Helenio Herrera convenció al presidente del Inter, Angelo Moratti, para convertir Luisito Suárez en el centro de su proyecto. Al ver el desastroso estado de la economía del club, a Capmany le entró el pánico y aceptó una oferta de 25 millones de pesetas, entonces altísima.

Volviendo a la temporada, con la Liga perdida de buen comienzo las esperanzas se situaban en gran parte en la Copa de Europa y, de nuevo, en la Copa de Ferias, torneo que significó otro rotundo fracaso. En los octavos de final de la Copa de Europa tocó el gordo: el Real Madrid. La ida se jugó en el Bernabéu y ambos equipos ofrecieron un duelo de gran categoría, resuelto con un 2-2 final. Los madridistas se quejaron del arbitraje del inglés Ellis, que señaló un penalti favorable al Barça después de un fuera de juego de Evaristo, pero olvidando que en el minuto 18 de la segunda parte, con 2-1 en el marcador, el árbitro anuló un gol válido a Villaverde.

La final de Berna

Había llegado el momento de suceder al Madrid como rey continental; una apuesta que parecía a todo o nada, y así fue finalmente. El Barça se presentaba a la final del Wankdorf Stadium suizo sin presidente, todavía con una gestora, con un segundo entrenador como Orizaola y la máxima estrella del momento ya traspasada al Inter. Además, jugaba contra el Benfica portugués con una defensa de circunstancias, puesto que dos titulares como Segarra y Olivella estaban lesionados. En una decisión bastante controvertida, el técnico cántabro dejó fuera de la final a futbolistas como Tejada, Eulogio o Villaverde, mientras se decidía por otros de más fama, como Kubala, que a pesar de arrastrar una hernia discal fue el extremo derecho titular (solo en teoría) de aquel desafortunado partido.

Finalmente, el Barça jugó la primera final de la Copa de Europa de su historia con Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Garay, Vergés; Kubala, Kocsis, Evaristo, Suárez y Czibor. Y todo lo que podía salir mal, salió mal. De entrada, como anécdota, Czibor y Kocsis ya fruncieron el ceño al comprobar que el vestuario era el mismo que les había tocado con Hungría siete años antes, cuando perdieron la final del Mundial contra Alemania pese a ser los grandes favoritos. Finalmente, el resultado les sería desfavorable por 3-2, igual que la final entre Hungría y Alemania.

Nuevo crecimiento de las peñas

La fuerza de las peñas empezaba a ser importante entre el barcelonismo. En lugar de rendirse ante la difícil situación del Club, la marcha de Suárez y el final de dos mitos como Kubala y Ramallets, el movimiento peñístico se reforzó con la aparición de nuevas peñas de debajo las piedras; no solo en Cataluña, sino en todo el Estado. Así pues, este tercer impulso se desplegaba como una oleada expansiva por todos los rincones peninsulares.

De las peñas aparecidas a partir de aquella final de Berna, muchas han desaparecido hoy en día, pero otras continúan muy vivas. En homenaje a esta fidelidad, muchas de ellas serán protagonistas en próximos capítulos. Entre las peñas ya desaparecidas, están la Penya Barcelonista Olivella (1957), dedicada al legendario defensa; la Gran Penya Barcelonista de Barcelona; y la Penya Barcelonista Lo Vilot de Almacelles (1962), que desapareció en los años 80 y que el 1994 fue sustituida por la Peña Barcelonista Clamor de Almacelles.

Estas peñas sociales tenían muchos problemas para ser legalizadas debido a la sospecha permanente que generaban entre las autoridades franquistas. Algunas legalizaciones duraron años, a pesar de que, si se tenía alguna autoridad del Régimen en la peña, la cosa se podía ir regularizando. Eran tiempos donde los partidos políticos prohibidos trabajaban en la clandestinidad y las peñas de tipo social podían significar, según las autoridades, una fachada que escondiera en su interior activismo político. Este hecho otorga un gran mérito a todos aquellos que salieron adelante fundando peñas en aquellos tiempos.