La inauguración del Camp Nou fue un verdadero estallido de euforia entre toda la masa social del Barça; una inyección de ilusión para todo el barcelonismo tras el fracaso que supuso el “caso Di Stéfano”. El presidente Miró-Sans aprovechó aquellos terrenos ya comprados por Agustí Montal i Galobart y, como anécdota, cabe destacar que el pueblo, los socios, las peñas e incluso la directiva ya tenían elegido el nombre que llevaría el nuevo coliseo barcelonista.
Enteradas las autoridades de aquel momento de las intenciones existentes, el Delegado Nacional de Deportes, el general José Moscardó, comunicó al presidente del Barça que ni se le ocurriera poner aquel nombre o habría consecuencias. Si quería, podía ponerle su propio nombre o cualquier otro, pero no uno que estaba prohibido por la Dictadura como era el de Joan Gamper. Y es que, 25 años después de su muerte, Gamper seguía siendo incómodo para las dictaduras. Finalmente, no hubo acuerdo y la decisión se fue posponiendo mientras la voz popular ya hablaba del nombre que acabaría siendo: el Camp Nou.
Dificultades económicas
La construcción estaba presupuestada en 66 millones de pesetas y acabaría costando 288 millones debido a un descontrol que nadie supervisó. Miró-Sans gastó sin control ni sensatez, y el club estuvo a punto de quebrar. Todo ello provocó la dimisión del propio presidente que había impulsado las obras. Si a esto se le suma el altísimo coste de una plantilla forjada a golpe de talonario y muy cara de mantener, los números rojos se dispararon.
Además, las autoridades no recalificaron el viejo campo de Les Corts hasta años después, y la venta no llegó hasta 1966, cuando el club llevaba años en una delicada situación económica. Para colmo, Habitat, la empresa constructora que se hizo cargo del terreno, pagó a plazos, aunque la gente pensaba que lo había hecho al contado. Esto condicionó enormemente la gestión del nuevo presidente, Enric Llaudet, que se dedicó a priorizar el pago de la deuda acumulada de manera forzada.
La gran inauguración
La inauguración del estadio fue el 24 de septiembre de 1957, día de la Mercè, patrona de Barcelona. Desde la colocación de la primera piedra, tres años antes, los socios y seguidores habían podido familiarizarse con la nueva ‘casa’ gracias a la exposición de una maqueta que durante dos meses fue visitada por unas 125.000 personas, lo que certifica la expectación generada. El proyecto fue encargado a los arquitectos Francesc Mitjans, Josep Soteras y Lorenzo García-Barbón. Mitjans, primo de Miró-Sans, viajó por medio mundo estudiando los mejores estadios de la época. Los terrenos habían costado un total de 32,5 millones de pesetas, que Montal había pagado al contado.
Cuando faltaban pocos meses para la inauguración, un grupo de peñas presentó un largo cuestionario con más de treinta preguntas a Miró-Sans, exigiendo respuestas ante una situación que no veían nada clara. Aun así, la dictadura impidió que existiera transparencia y control sobre los gastos. En el comité organizador de la fiesta de inauguración, Nicolau Casaus se encargó de la organización de los actos, con iniciativas que incluían desde una excursión a Montserrat hasta conciertos, verbenas y otros eventos.
El día de la Mercè, bajo la presidencia del ministro Solís Ruiz como máxima autoridad del régimen, el nuevo estadio se llenó para asistir a una misa en medio del terreno de juego y diversas actuaciones, entre las que destacaron una sardana gigantesca con 1.500 bailarines, los Coros Clavé y la presencia del Orfeó Català, así como un interminable desfile de peñas, equipos catalanes y otras representaciones deportivas que se sumaron a la gran fiesta.
Partido inaugural
El partido inaugural tuvo como rival a una selección de Varsovia que reunía prácticamente a los mejores jugadores de Polonia. Recordemos el primer once azulgrana que estrenó el Camp Nou: Ramallets; Olivella, Brugué, Segarra; Vergés, Gensana; Basora, Villaverde, Eulogio Martínez, Evaristo y Tejada. Después también jugaron Gràcia, Flotats, Hermes González, Sampedro, Ribelles y Bosch. El entrenador era Balmanya y el secretario técnico, Josep Samitier.
Un “Sami” tan astuto como siempre que, años después, reconocería haber pactado con los polacos que sería el Barça quien inauguraría el marcador, pensando en la posteridad. Y así lo hizo Eulogio Martínez, autor del primer gol registrado en las nuevas porterías. El marcador final fue de 4-2 favorable al FC Barcelona.
La incidencia de las peñas
La presencia activa de las peñas demuestra la importancia que iban adquiriendo dentro del Club, actuando como grupo de opinión en aspectos internos y participando en la organización de los actos, encabezados por la figura visible en aquellos tiempos de la peña predominante: la Penya Solera, representada por Nicolau Casaus. Por lo que parece, ni las peñas pudieron frenar el enorme aumento del coste sobre un presupuesto que quedó en una cantidad ridícula respecto a lo que finalmente se pagó por aquel gran estadio.
Para finalizar, y en relación con la construcción del Camp Nou, corre la leyenda entre antiguos trabajadores del FC Barcelona de que desde Madrid no se permitió que la altura de la fachada exterior del nuevo coliseo superara la del estadio del Real Madrid. Debido a ello, y respetando siempre las órdenes gubernamentales, se decidió hundir el terreno de juego para así tener más capacidad en las gradas. Un ejemplo más de cómo el ingenio catalán es capaz de burlar a las dictaduras.

