Capítulo 48 – Penya Blaugrana Ramón Llorens de Rubí. Sobrevivir a la tragedia

La Penya Blaugrana Ramón Llorens de Rubí, ubicada actualmente en la calle Unió número 12, fue fundada en el año 1960 por cuatro vecinos de Rubí: Joan Tresserras, Josep Monterde, Joan Llogany y Pau Oller. El nombre de Ramón Llorens nace en honor al guardameta del FC Barcelona que militó en el equipo antes de la Guerra Civil española y que, posteriormente, representaría el sentimiento de fidelidad al FC Barcelona.

El primer presidente de la peña fue Pau Oller, y posteriormente le sucedieron Isidre Forés, Jordi Juncadella, Tomás Capmany, Josep Capmany Soler, Pau Calsina, Isaac Sancristòfol, Ton Vázquez, Mireia Jansà, Pedro Cazorla y Josep Capmany.

La tragedia de la final de Copa de 1984

Históricamente, la peña y sus socios han acompañado al Barça en los desplazamientos más recordados de la historia, llevando con orgullo e ilusión el nombre del Barça y de la ciudad de Rubí por todas partes. Sin embargo, la tragedia sobrevoló a la peña con motivo de la final de Copa disputada en el Santiago Bernabéu en el año 1984, en la que el Barça fue derrotado por el Athletic Club por 1-0.

Aquel día, sin embargo, el resultado fue lo de menos… Aquella ocasión dio lugar al momento más triste y dramático de la historia de la peña: el accidente de tráfico del autocar que trasladaba a los peñistas y aficionados de Rubí a Madrid. Fue el 5 de mayo de 1984, y en el accidente murieron seis personas y otras 49 resultaron heridas. En el funeral, celebrado dos días después, asistieron más de 10.000 personas, con numerosas autoridades nacionales y locales, convirtiéndose en uno de los actos más multitudinarios y recordados del municipio.

Una peña arraigada en Rubí

Desde su fundación, la PB Ramón Llorens ha vivido diversas etapas, con momentos duros y otros buenos y muy recordados. Uno de ellos fue la celebración del 50.º aniversario, con la presencia del entonces presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell. Es una peña que también participa, año tras año y muy activamente, en las fiestas populares de la localidad como la Diada del 11 de septiembre, la Diada de Sant Jordi y la Fiesta Mayor, entre otras. Su vertiente deportiva también es una nota característica, ya que pertenece a la Agrupación de Peñas de Fútbol del FC Barcelona. En resumen, una peña abierta a todos los socios y barcelonistas en general que deseen visitar ese territorio.

En cuanto a la ciudad de Rubí, los lugares de interés imprescindibles para cualquier visitante son el Ayuntamiento, la Iglesia de Sant Pere, el Castillo, el Celler, la Torre Bassas, el Ateneo, la Escuela Ribas, Ca n’Oriol y el Museo Etnológico Vallhonrat. Rubí es conocida mundialmente gracias a la entidad del Esbart Dansaire, fundada en el año 1923 y dedicada a la enseñanza de la danza catalana, la producción y presentación de espectáculos con su cuerpo de baile y la conservación y difusión de las tradiciones catalanas. Recibió el Premio Nacional de Danza en 1985 y la Cruz de Sant Jordi en 1997.

¿Quién fue Ramón Llorens?

Los calificativos con los que se podría definir a Ramón Llorens serían: «persona entrañable, hombre de la casa, amor a unos colores y luchador por su Club». Y seguramente otros compañeros añadirían muchos más sin exagerar ni un ápice. Nació en Barcelona, en el barrio del Poble Sec, el 1 de septiembre de 1906. A los 20 años debutó en la portería en un partido amistoso de un Barça cargado de suplentes, en el que destacaba el flamante fichaje, considerado el mejor jugador del mundo: el uruguayo Héctor Scarone. Sin embargo, este jugador no supo adaptarse al equipo y a los pocos meses regresó a Uruguay.

Fidelidad a los colores bajo palos

Llorens fue alternando la suplencia con la titularidad, ya que en aquellos años la portería estaba cubierta por el mítico Platkó. Cuando el gigante húngaro (cerca de 1,90 m frente a los 1,64 m de Llorens, que compensaba con grandes reflejos) se lesionó en la famosa final del Campeonato de España de los tres partidos de 1928, llegó la gran oportunidad de Ramón Llorens, que se dejó la piel en el segundo y tercer partido de uno de los campeonatos más igualados que se recuerdan. Con la consecución del título en el tercer partido (3-1), alcanzó la gloria.

A pesar de seguir alternando suplencias y titularidades, con Platkó y Nogués por delante, no desistió y demostró su amor al Club, hasta el punto de que cuando quisieron darle la baja en 1933, manifestó su deseo de quedarse como jugador suplente y de forma amateur. Sin cobrar un salario profesional, Llorens permaneció en el club hasta bien entrada la Guerra Civil, disputando algunos partidos importantes y muchos amistosos.

Al comenzar la guerra, Llorens formó parte del Comité de Empleados que salvó al club de ser intervenido por las milicias; un comité que se encargó de dirigir el FC Barcelona tras la desaparición del presidente Sunyol, en agosto de 1936. A partir de 1937, Llorens volvió a la portería, pero dos de los numerosos bombardeos con los que la aviación fascista italiana castigaba la capital catalana le afectaron directamente. Esto le impidió realizar la gira por México y Estados Unidos con el primer equipo, aunque entre 1937 y 1938 participó en más de treinta partidos.

Etapa como entrenador y trabajador del Club

Una vez terminada la guerra y colgados los guantes, Ramón Llorens continuó al servicio del FC Barcelona, haciéndose cargo de equipos de categorías inferiores y descubriendo jugadores emergentes como Biosca, Bosch o Manchón. El 29 de enero de 1950 debutó como entrenador del primer equipo, contando con la ayuda del propio Samitier, que entonces era secretario técnico. En ese debut superó por 2-0 a un gran equipo de la época, el Deportivo de La Coruña.

Con la llegada de Kubala al equipo y de Daucik como entrenador, Llorens regresó a sus antiguas ocupaciones dentro del Club. El 15 de junio de 1952 recibió un gran homenaje en Les Corts, aunque continuó posteriormente al servicio del Barça. A principios de los años 70 cumplió cincuenta años al servicio del Club, siempre allí donde se le necesitaba.

Amor incondicional al Barça

Llorens viajaba con el equipo y su experiencia servía para aconsejar a los jugadores, siempre desde un segundo plano y sin estridencias. Con motivo de los 75 años del FC Barcelona, llegó a declarar: «El Barcelona me ha dado mucho más de lo que yo le he dado. Yo le he prestado mis servicios, pero el Barça me ha dado la vida». Y añadió: «El Barça no me debe nada, pero me gustaría que el día que muera me envuelvan con su bandera, que es la mía. Me gustaría que, una vez muerto, los barcelonistas puedan decir que he hecho algún servicio al Club y que los jugadores, sean quienes sean, me dediquen el primer gol del siguiente partido».

Estas palabras demuestran qué es el amor a un club y, además, honran enormemente a la peña que ha querido que este enorme jugador y su ejemplo nunca se pierdan en el olvido.

Ramón Llorens nos dejó el 4 de febrero de 1985, a los 78 años. No se sabe si en el siguiente partido disputado, contra el Espanyol en el campeonato de Copa, Schuster o Carrasco recordaron el hecho de dedicar a Llorens los tres goles con los que el Barça superó a los blanquiazules; sea como sea, poco menos de dos meses después, el FC Barcelona de Terry Venables se proclamaba campeón de Liga. Habían pasado once años desde el último campeonato. No se podía hacer un mejor homenaje a una persona entrañable, un hombre de la casa, el reflejo humano del amor puro a unos colores.